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Por una violencia de género que no avergüence

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El porcentaje de mujeres con estudios universitarios que denuncia maltrato es más elevado de lo que se cree.  Constituyen alrededor del 5% y el 10% del total de denuncias por violencia de género, teniendo en cuenta que este valor sólo refleja los casos que se hacen públicos de algún modo. Así que un nivel de estudios no asegura su bienestar.
Tendemos a estereotipar a la mujer o al hombre maltratado como una persona sin recursos, de escasa educación y dependiente. Sin embargo, este hecho no depende principalmente de estas circunstancias sino que es muy complejo. Depende de la atadura sentimental que lleva a muchas personas a soportar este maltrato. A pesar de las apariencias existen casos de mujeres independientes, con recursos y con trabajo que se avergüenzan de denunciar los maltratos no sólo por miedo a represalias de la pareja, sino también a la mirada incrédula de la sociedad, la misma que hace que muchos hombres no denuncien que sufren maltrato.
Se deben romper con estos estereotipos que no ayudan a que estos hombres y mujeres alcen los brazos para que les ayuden en vez de agachar el rostro avergonzado. Todos podemos ser victima de la violencia de género, no se deben reproducir estas ideas preconcebidas que no ayudan a que la victima denuncie y salga adelante.

Durmiendo con su enemigo

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Hola a to2,

Me gustaría abrir un debate sobre un tema muy delicado. Aunque las estadísticas demuestren que son las mujeres las principales victimas de la violencia de género, no debemos olvidar que ésta también se ejerce sobre los hombres. Además existe un grave problema y es que a veces se utiliza la ley para beneficiarse de la situación perjudicando en algunas ocasiones a personas inocentes, en la mayoría de los casos hombres.  Por otro lado, actualmente la sociedad no potencia de alguna manera el que éstos denuncien sino que se les enclaustra en un estado de verguenza reprimida.

Espero estas leyes mejoren y que aquellas mujeres que utilicen estas para aprovecharse de beneficios económicos o familiares sean castigadas. Es tan perverso el que maltrata como el que se inventa que ha sido maltratado, las mujeres que han sufrido se merecen un respeto y los inocentes también.

Podeís ver una noticia relacionado con esto en este enlace o a través de este otro de donde capture esta foto.

Hasta pronto

Con la casa a cuestas

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La inserción de la mujer en el mundo laboral hace mella en las trabajadoras, que cada vez se sienten más agobiadas por el doble esfuerzo de trabajo. Por supuesto me refiero al doméstico por un lado, y al que entendemos como “trabajo” por el otro. Concepto o más bien consideración social, que trasluce en su propia designación, la discriminación o menospreciación hacía el ámbito doméstico.

Aunque los hombres “colaboren” (como escucho muy a menudo) en las tareas del hogar, siguen persistiendo diferencias. Porque aunque exista un incremento en términos materiales, siguen persistiendo diferencias de índole más latente o intangible.

En general, para la mayor parte de las mujeres desligar ambos ámbitos de trabajo es imposible. Así, mientras realizan su jornada laboral fuera de casa, no logran desconectar de sus tareas y cuidados del hogar, es decir, de los niños, la comida, la colada, la plancha, la limpieza, etc…  Tantas cosas que tradicionalmente forman parte de una especie de legado genético de nuestro género y que a lo largo de la semana nos agotan, debido a la doble carga que llevamos a cuestas. Esta multitud de obligaciones suponen a lo largo del día a día un desgaste mental  y emocional, que al final de la semana son un pesado lastre.

Debido a estas dificultades diarias a las que nos debemos enfrentar desarrollamos una capacidad o supracapacidad, que se adhiere a nuestro comportamiento y a nuestra forma de ser “mujer”. Forma parte de nosotras y tratamos de sobrellevarla con la mejor cara posible (puesto que la situación ha mejorado). Sin embargo, lo ideal, o más bien lo justo sería poder realizar nuestro trabajo con normalidad sin agobios, presiones o dificultades.

La desigualdad laboral es un reflejo de la social

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Las prácticas, costumbres y actitudes discriminatorias se reproducen en el ámbito de trabajo. Con la aplicación de la ley de igualdad, se han tomado medidas legales, pero esto no significa que éstas hayan impregnado la “realidad” social.

Según datos facilitados por UGT durante las Jornadas Artemisa 2009 “Construyendo en igualdad prevenimos la violencia de género”, las trabajadoras madrileñas cobran de media un 32% menos que los hombres y tienen empleos más precarios y temporales. Para los que queráis consultarla con más detenimiento, esta noticia salió ayer en este enlace.

Desde mi punto de vista, aunque las mujeres hayamos ido integrándonos en el mundo laboral de una forma progresiva, esto no significa que la igualdad se introduzca de forma automática. Existen particularidades que hacen que en general, las mujeres ocupen cargos más prescindibles, menos importantes, más eventuales, menos responsables, con menores sueldos y más alejados de la cúspide empresarial.

Debemos tener en cuenta que la igualdad no sólo debe referirse a un número o cantidad estadística con la que conformarnos, sino que debemos ir a las razones que hacen que esta cantidad aumente o disminuya. Si no tratamos el problema de raíz que parte del cognoscimiento de la propia empresa o ámbito de trabajo, llámese empresario, jefa o director de orquesta en definitiva, seguirán reproduciéndose las desigualdades.

Nosotras salimos nosotras seducimos

la mujer en la publicidad

La antigua consigna femenina no hace más que recordarme que la situación no ha cambiado mucho desde entonces. Yo, por mi parte hace tiempo que toque fondo, por eso he decidido expresar mi opinión y compartirla con todos aquellos que se hagan preguntas y que tengan inquietudes. En definitiva envío una invitación para los que quieran reflexionar sobre las menospreciadas particularidades, que forman parte de nuestra “realidad” social y que sin embargo, son precisamente las que la sostienen.

Los medios de comunicación y el sistema de la sociedad en general, mantienen a la mujer en el eterno rol de mujer florero. Relegándonos a ser un mero escaparate andante que adorna los informativos, los programas de televisión, la publicidad, la prensa y demás contenidos de la llamada sociedad de la información.

Como ejemplo, os muestro esta imagen que tome de este blog en el que se comentan brevemente las diferencias existentes entre la publicidad en la que aparecen hombres y mujeres.

¿Por qué ahora que las mujeres tienen su lugar en los medios de comunicación, ésta curiosamente lo ocupa teniendo una cara bonita y un buen cuerpo?, ¿seduciendo la mirada del que observa?. Si alguien duda de esto no tiene más que echar un vistazo durante unos escasos minutos a nuestro alrededor, para ver la infinita pasarela cotidiana de imágenes, que nos recuerdan para que servimos las mujeres: para adornar.

O acaso no es de extrañar que las mujeres de repente formen parte de los informativos o de las noticias de deportes, pero que sostengan el estereotipo corporal de lo que hoy en día se entiende o se considera una mujer bella. Esta “cualidad” se está convirtiendo en un requisito que se puede extrapolar a todos los ámbitos que rodean la actual sociedad del consumo. Si la representación de las mujeres se va a basar en nuestra capacidad para mantenernos jóvenes y guapas, esto no va a ayudar a lograr la utópica igualdad, sino que nos va a atar a estereotipos inalcanzables e hiperreales imposibles de alcanzar. Sin embargo, se nos presentan como accesibles, fáciles de lograr con un sinfín de productos, tratamientos, dietas y medidas de corrección de nuestro cuerpo.

Lejos de lograr la igualdad entre ambos géneros, los hombres también están siendo inyectados diariamente por la necesidad de estar en forma y ser bellos. Quizás de una forma menos potente pero a este paso, lograremos la ansiada igualdad pero en torno a  nuestras necesidades, que estarán igualmente adscritas a nuestro género. Sin embargo, en la actualidad existen todavía diferencias significativas entre cómo son representados los hombres y las mujeres, siendo éstas las peores paradas.

Simplemente creo que es hora de reflexionar de una forma respetuosa, pero critica con el fin de buscar soluciones o al menos concienciarnos, sobre todo aquello que nos rodea y que no nos cuestionamos debido a que lo damos por hecho.