Los productos de la belleza
Los cánones de la belleza en la que se adscribe nuestra cultura incrementan las arcas de la industria de belleza, con diversos productos cosméticos, antiarrugas, cremas anticelulitis y demás “antídotos” hasta llegar a la manipulación más literal con la cirugía estétic, la cual aumentan considerablemente año tras año.
Las múltiples revistas, anuncios publicitarios y artículos destinados a lograr un buen físico están por doquier, pocas páginas, pantallas y webs se libran de su presencia. Los incesantes mensajes por mantenerse joven y delgada en plena etapa menopáusica no dejan de aparecer, empujando a un consumo tanto indiscriminado como ilógico, de este tipo de productos. Si se invirtiese la mitad de dinero que se destina en investigación a los cosméticos, podríamos luchar contra graves enfermedades que VERDADERAMENTE sí lastiman a las personas.
Las preocupaciones generadas en las mujeres refuerzan la idea de que éstas son ante todo belleza y esta industria no hace más que reproducir esta necesidad. Este sector ha hecho que España alcance ya el 5º puesto entre los principales productores europeos de estos productos, con una producción a precios de fábrica de 4.864 millones de euros en 2008. Según el informe Beauty’s Top 100, elaborado por una publicación estadounidense, las cien primeras marcas de la industria cosmética facturaron 118.280 millones de euros en 2008. Estados Unidos cuenta con 33 de estas compañías líderes en el mundo, y le sigue Francia, con 13. Estos datos son de hace ya 2 años y hay que tener en cuenta que está en continuo crecimiento. Teniendo en cuenta el gran escaparate publicitario que es Internet y que se añade a los tradicionales formulas de difusión mediática, este mundo industrial debe alcanzar valores increíbles. Surgen continuamente productos que prometen ser más eficaces y rápidos que los anteriores y que aunque en un principio sean motivo de risa, como lo fue el caso de imágenes de mujeres restregándose baba de caracol, luego realmente encuentran su lugar en el preciado trono consumista. Tal fue su repercusión que han llegado incluso a venderse en farmacias.
Quizás deberíamos invertir más dinero y esfuerzo en otros objetivos menos superficiales y mas necesarios en realidad.
La foto pertenece a este enlace.


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